LA MAGIA DEL HOSTAZA

Diustes, 29 de octubre de 2012

Si me preguntan por el enclave que más me gusta de la provincia de Soria, me resultará moralmente comprometido el decidirme por uno, pero a mi mente siempre acudirá, entre las primeras opciones, este alto valle del río Hostaza, y en concreto el asombroso entorno del bonito pueblo de Diustes. El Hostaza nace en la esquina más septentrional de Soria, en las cumbres de Monte Real, rayanas con La Rioja. Desde ahí, busca el este por un profundo y estrecho valle, profusamente cubierto de vegetación, encontrando en su camino los pueblos de Diustes y Camporredondo antes de salir a una zona más abierta y apacible, y morir en el Cidacos en Villar del Río. De la parte alta, en Diustes y Camporredondo, lo que más se suele mencionar es su fenomenal hayedo, denso y maduro, una reliquia de frondosas que cubre vistosamente la ladera orientada al norte.

Pero comencemos la descripción del paraje en el pueblo de Diustes, donde muere la carretera local SO-P-1130. Según el INE, la población mantiene 5 habitantes, pero es visitada a menudo por todos quienes allí tienen casa, de forma que su casco se encuentra muy cuidado. Curiosamente, cuando uno llega a Diustes con el coche, una de las primeras cosas que se encuentra es el cartel del fin del pueblo. Es que la carretera muere justo en la calle de entrada, así que los carteles de principio y fin del pueblo se encuentran seguidos. Esta entrada es vistosa, enmarcada por sendas filas de árboles plantados que ambientan el paseo. Al final, el tradicional lavadero del pueblo,

Entre huertas en las que abundan los nogales, bajamos hacia el río Hostaza

 

Aquí encontramos uno de los tres bonitos puentes de piedra que tiene Diustes, y es que en sus calles confluyen dos ríos; el propio Hostaza y el Arroyo del Valle.

 

Varias son las especies “exóticas” de árboles que pueblan parte del monte sur de Diustes. Entre ellas, destacan las píceas o abetos rojos (Picea abies). En el entorno del puente sobre el Hostaza, encontramos también abetos blancos, ciruelos japoneses, y, como curiosidad, un imponente pinsapo (Abies pinsapo), endemismo del extremo sur de España y zonas del Atlas, que luce así de majo en la ribera del Hostaza,

El Hostaza limita el casco del pueblo por el sur, mientras que el Aº del Valle cruza por la mitad, separando Diustes en dos, y ofreciendo el frescor y belleza que aporta la presencia del agua cayendo por las calles.

Algunas casas caídas nos recuerdan que estamos en la comarca de Tierras Altas de Soria, la más despoblada de España y una de las que más en la Unión Europea. No obstante, Diustes tiene muchas casas en buen estado y algunas en proceso de reforma, demostrando que aún tiene quien lo ciude.

 

Calles cubiertas de hierba nos conducen hasta el entorno de la iglesia

 

En el centro del pueblo, calles empedradas y estrechas,

 

La fuente que mana en el mismo centro del casco,

Pero lo mejor de todo en Diustes, es su entorno. Mire uno para donde mire, obtiene preciosas imágenes, ya sea de su fenomeal hayedo, que en estas imágenes nos ofrece su espectacular morfo otoñal, con la ligera aparición de manchas de nieve en la parte superior, fruto de la primera nevada del otoño de 2012

 

 

 

De sus grandes pinares de pino albar y pino laricio, con manchas de píceas…

 

O sus diversos bosques de ribera, donde destacan altos chopos,

 

 

Una vez documentado este precioso pueblo, nos ponemos en camino hacia su vecino Camporredondo, siguiendo el curso del Hostaza por una rica galería de árboles riparios, formada por avellanos, cerezos, arces, acebos, endrinos, boneteros y majuelos

 

Pronto nos encontramos bajo el profundo hayedo, que en esta época del año abruma con su paleta de colores,

 
 
 
 

Al poco, alcanzamos la población de Camporredondo por su parte más elevada, y lo primero que encontramos es una caseta rodeada de endrinos,

 

Descendemos hasta la calle de acceso por el camino de Diustes,

 

Por encima de las fachadas derruidas de la parte alta de Camporredondo, asoma el colorido del hayedo,

 

Muchas casas caídas, fruto del abandono que acusan estas tierras, ven cómo cerezos y arces pugnan por derribar sus muros y techos

 

El rastro de un pequeño arroyo que cae por una calle enredada de zarzas…

…nos conduce hasta una fuente escondida, cuyo caño gotea poco a poco, sacando el agua de la montaña

Bajamos hacia la zona central de Camporredondo, donde está la iglesia, encontrando más desolación y olvido,

 

 

 

 

Enfrente de la iglesia, un decrépito manzano sigue produciendo manzanas en algunas de sus ramas,

 

Por la abertura que deja una casa ausente, divisamos la parte donde el valle se abre, y, en una ladera soleada, el pueblo de Vellosillo, también próximo a la despoblación

Bajamos hasta la ribera del Hostaza, y encontramos la zona más vital de Camporredondo, donde se encuentran unas pocas casas arregladas que aún reciben visitantes asiduos. Se trata de un barrio cuidado, con un precioso puente de piedra de dos ojos sobre el río,

 

El lavadero del pueblo,

Vistas de Camporredondo y el hayedo desde la orilla del Hostaza, envidiable entorno

 

 

Y, para despedir este reportaje, una mirada a la ladera contraria, la orientada al sur, por donde cae el Barranco de Colajambre, formando una pequeña vega de cultivo, vigilada por los chopos dorados

Dedicado a mi prima Eva, la mayor de las catalanas del alguacil de “El Villar” (Villar del Río), también precioso pueblo, cabeza del municipio al que pertenece este maravilloso alto Hostaza.

By |2017-11-30T16:58:36+00:00noviembre 1st, 2012|NATURALEZA|3 Comments